Porque el final, siempre es el principio de algo diferente!

Anécdotas, actividades divertidas y culturales, lecturas motivantes, ideas para aprovechar el tiempo y hasta sugerencias para ganar un dinero adicional utilizando el Internet ahora que estamos jubilados.

Aprender a perdonar - Un buen propósito de año nuevo


Con el fin de vivir una vida sana tanto física como mentalmente hay que aprender a perdonar. El perdón permite a una persona trabajar a través de las heridas y la amargura que genera el rencor dejando ir todos los elementos negativos. Al adoptar el perdón física y mentalmente se puede empezar a experimentar la paz, la esperanza y la alegría, que es el subproducto del perdón.  
Aprender a perdonar no es fácil pero si posible. 
Las consecuencias físicas son muy amplias y serias a la hora de albergar la falta de perdón. Hay investigaciones científicas reales que están de acuerdo de manera concluyente que ciertos componentes químicos del cuerpo se alteran dramáticamente cuando hay resentimiento en el individuo.  
Esta perturbación causa desequilibrios en nuestro organismo y pueden trascender en cualquiera de las condiciones médicas graves o leves no saludables que se padezcan. Algunas de estas condiciones pueden escalar a niveles más graves e incluso de alto riesgo si la falta de perdón no se controla.  
Tal vez sabiendo algunos de los beneficios que se pueden disfrutar si la falta de perdón está ausente, el individuo estaría más dispuestos a dejar ir los resentimientos y seguir adelante.  
Relaciones más saludables se pueden fomentar cuando se desarrolla la capacidad de perdonar. Esto se debe a que la persona que lleva el rencor será capaz de liberar toda la energía negativa que es dominante en el elemento de la falta de perdón, y habiendo más espacio en su interior, habrá más lugar para la amistad, la alegría y la creatividad.
Un mayor nivel de espiritualidad y bienestar fisiológico se puede lograr, dando lugar a la serenidad y sentimientos de paz. Médicamente, los niveles de estrés serán considerablemente más bajos al igual que nuestra presión arterial. Habrá también menos probables síntomas de depresión, ansiedad o dolores crónicos. 
Aunque perdonar no es una cosa fácil de hacer, el proceso se facilitara si damos un paso a la vez.  Lo primero es desearlo. Aceptar conscientemente los hechos, es decir, reconocer que hay una herida que necesita sanar; no juzgar ni condenar, deje a un lado el dolor y el rechazo al daño recibido, y de lugar al producto final deseado, que es la capacidad de obtener los elementos positivos de la compasión y la comprensión.

La Navidad llegará si lo deseamos.


Si lo deseamos, la Navidad llegará, entonces el niño de Belén nacerá en nuestros corazones, y su paz, amor y serenidad darán luz a nuestras vidas.

Sin la Navidad, diciembre se convertiría quizás en el mes más frio, incoloro y triste del año, por ello hay que honrar y disfrutar de las fiestas y las tradiciones de esta época. Extender el calor de la temporada de Navidad a todos los que nos rodean hará de este mundo un lugar hermoso para vivir.  

¡Les deseo a todos una Hermosa Navidad y un Muy Feliz Año Nuevo.

Que hoy y siempre, su vida se vea colmada de bendiciones, que todos sus deseos se realicen y que reciban muchos, muchos regalos.

Desde luego que los mejores regalos en la vida nunca se encontraron debajo de un árbol de Navidad, los regalos son los amigos, la familia, los niños y la persona que amamos. El mejor de todos los regalos es una familia feliz, todos unidos crearán el brillo de la alegría de la Navidad.

Gracias familia, amigos y visitantes de "Notas de una Jubilada en Acción" porque de alguna manera forman parte de este blog, y son un gran regalo de la vida para mi, nos veremos por aquí el próximo 2017, mientras tanto... ¡A disfrutar de las fiestas!



El significado del amor


Lulú, una entrañable amiga con quien he compartido un largo trecho del camino, me ha enviado esta nota que con gusto comparto con ustedes, mis estimados lectores, porque a través de sus recuerdos, nos habla de esos pequeños detalles de todos los días que pueden darle significado al amor, y que a veces solemos olvidar en el apurado trajín cotidiano que suele robarle el color y la alegría a nuestra vida.

A pesar de que no vivía con mis abuelos, ellos eran una parte importante de nuestras vidas. Todos mis tíos, hermanos y primos íbamos a su casa los fines de semana, y generalmente coincidíamos el domingo.

Eran días grandiosos aquellos, me parecía muy largo esperar toda la semana a que llegara el sábado para empezar a preparar nuestra visita a la casa de los abuelos. Recuerdo la entrada por ese gran portón de madera gastada, un poco vencida hacia un lado por lo que al abrirse solía hacer un ruido parecido al maullido de un gato soñoliento, también había muchas macetas con plantas y flores, además de un par de sillas junto a una ventana que invitaban a sentarse y conversar en aquellas viejas tardes de calor.

La abuela siempre nos recibía con una gran sonrisa y nos invitaba a pasar mientras que usaba un colorido delantal que sugería que algo muy rico se estaba preparando en la cocina.

El abuelo llegaba presuroso para abrazarnos e invitarnos a los más pequeños a jugar en el jardín trasero, donde siempre había alguna pelota, un frisbee, una cuerda, o un columpio para divertirnos a la sombra de un enorme árbol, bajo el cual también nos sentábamos a platicar con él y escuchar las fabulosas historias que nos contaba. Mi preferida era aquella donde nos narraba como conoció a mi abuela y como es que ella coqueta, disimulo no verlo al pasar, para luego voltear y guíñale un ojo.

Dentro de la casa siempre olía sabroso, recuerdo el olor de las manzanas, la canela, la naranja, o de las especies y hierbas aromáticas que la abuela le ponía a su deliciosa comida que a todos nos gustaba tanto.

La casa de los abuelos era un sitio donde nos sentíamos bien, queridos y aceptados, donde se hablaba de muchos temas, se reía, se escuchaba música, se cantaba, y hasta se bailaba.

Y aunque este mal decirlo, no puedo dejar de mencionar lo mucho que nos divertíamos jugando con las sillas salvaescaleras que mi papa coloco en esa casa, pues a los abuelos ya les costaba trabajo subir y bajar, pero ellos nunca aceptaron la idea de cambiarse, aunque mi mamá insistía en que era conveniente que se mudarán a una casa de un solo piso por su propia seguridad, sin embargo, ahora pienso que mi papá resolvió el problema de una manera muy inteligente.

Las tardes eran excepcionales. Mi abuelo nos llamaba a todos para que eligiéramos una película que ver. Todos opinábamos de diferente manera por lo que discutiendo y gritando no se llegaba a ningún consenso, y finalmente, al llegar a su nivel de tolerancia, él terminaba escogiendo la película que muchas veces era extranjera y con subtítulos. No nos atrevíamos a objetar pues no queríamos  correr el riesgo de que no quisiera volver a compartir aquellas magníficas tardes de domingo con nosotros.

Al mirar hacia atrás con ojos de adulto, me doy cuenta de que éramos su mayor alegría, ellos nunca habría dejado sus días de domingo con nosotros, independientemente de todas las preocupaciones y problemas que les dimos, se podía sentir como gozaban cada minuto de estar juntos en familia.

También disfrutaron de nuestras bromas, era divertido ver los enojos de mi abuela quien no tenía el mismo sentido del humor caprichoso del abuelo. Fue lindo ver ese brillo travieso en sus ojos, como si fuera un niño pequeño cuando sorprendía, distraída a la abuela, con algún juego o broma tonta. Durante todos esos años siempre los vi tratarse con mucho cariño y respeto. 

Hacia el final de su vida, cuando el abuelo estaba en el hospital, yo estaba allí con mi madre y la abuela, él se volvió hacia ella y le dijo, "Gracias por los más maravillosos cincuenta y cuatro años de mi vida." A día de hoy, creo que esas son las palabras más bellas que he escuchado.



El poder de entender a los demás


En esta ocasión les voy a platicar de una experiencia muy singular que me ha sucedido recientemente, y que no por ser bastante graciosa deja de ser elocuente e ilustrativa para explicar la necesidad de esforzarnos un poco por entender a quienes nos rodean y así estar en posibilidades de comunicarnos mejor.

Una mañana soleada y luminosa, estando en un agradable restauran de playa, aquí en mi hermoso Acapulco, con varias amigas, con quienes me reúno una vez al mes para compartir un café y platicar sobre nuestras vidas, reíamos alegres porque Maricela, una de ellas, nos contaba algunas anécdotas divertidas de su nuevo nieto, esas cosas que nunca dejarán de parecernos graciosas a las abuelas, aunque los papás casi siempre las consideran terribles. 
Mientras tanto, en otra mesa, una persona que parecía mirarnos, movía su mano cerca de su oído en forma de círculos, señalando hacia nuestra mesa, al mismo tiempo que decía en voz alta "hey, hey".

Poco a poco fuimos dejando de reír, y compartiendo nuestras miradas supusimos que se trataba de aquel viejo ademán que utilizábamos de niñas en forma burlona para referirnos a alguien que había perdido la cordura. 
Por un momento nos quedamos perplejas, como era posible que alguien se estuviera refiriendo a nosotras de esa manera, parecía un insulto, nadie reaccionaba, hasta que mi querida amiga Anita (la más atrevida del grupo), se levantó de su lugar y exclamando en voz alta increpó a nuestra vecina de mesa: 
-Perdóneme señorita, ¿A quiénes llama usted locas? 
La mujer en cuestión, joven por cierto, se sorprendió mucho; por su reacción intuimos en ese momento que no hablaba muy bien el español, y fue hasta que pasaron algunos segundos que su acompañante comprendió lo que había sucedido e intento explicarnos que su amiga estaba saludando a un conocido que paso del otro lado de nuestra mesa e indicándole que le llamara por teléfono. 
El problema parecía agravarse porque ellos no hablaban el español con claridad y nosotras no nos expresábamos en inglés tampoco, y entre dimes y diretes las cosas parecía que empezaban a salirse de control. 
Ya era un poco tarde para replegarnos, todos en el lugar se habían percatado que había un problema, y fue hasta que se acercó muy diplomáticamente el Capitán de Meseros, el Sr. José Aurelio Gómez Ramírez, a quien felicito por su habilidad e inteligencia para resolver la situación, que todo se aclaró, y gracias a su gentiliza, después de las disculpas correspondientes, todos volvimos a nuestro lugar y seguimos desayunando alegremente.

Como ven mis queridos amigos, pienso que no está de más dejar una sugerencia: academia ingles bormujos



Así me pasó a mi

Cerca del año 1997, tuve mi primera oportunidad de utilizar una Laptop, mi esposo la llevo de la oficina a la casa y me invitaba a utilizarla; la verdad es que yo sentía el temor de apretar algún botón de manera incorrecta y crear algún problema, además era algo que hasta ese momento no había estado en mi vida, y siendo sincera, no veía ninguna necesidad de incluirla… Cuán equivocada estaba.

Por la insistencia de mi esposo (cosa que ahora agradezco infinitamente), acepte comprar una computadora de escritorio que sería personal, así que -si por algún motivo la echaba a perder no afectaría a nadie- solo entonces acepte iniciarme en la maravillosa e interminable aventura de aprender a usar una PC (acrónimo de las palabras inglesas Personal Computer) y a disfrutar de todas las maravillas que nos ofrece el Internet.

Poco a poco, y con la ayuda de un paciente profesor, empecé por familiarizarme con el equipo, con los programas y otras valiosas herramientas, para luego interesarme en entender cómo aprovechar la red informática, pero…

… Mi percepción acerca de los beneficios que aportaba el Internet a mi vida cambió cuando deje de verlo solo como una amplia ventana al mundo de la información y una herramienta útil para la comunicación e incluso para la expresión artística, que todo esto ya es mucho decir, pues…

Si usted como yo, ha tenido la oportunidad de ver con claridad el potencial que tiene el Internet como una fuente de ingresos, seguramente que el sentido de estar sentado frente a la computadora también habrá cambiado drásticamente, como me paso a mí.

Quizás a también le sucedió...

Al principio, estaba maravillada con las “Presentaciones”, los videos, los gifs (imágenes con movimiento), las animaciones de Flash. Me pasaba horas recibiendo y escribiendo e-mails (ahora son tweets, o mensajes de Facebook y otras aplicaciones), me divertía ver PPT y hacerlas, o modificar las que recibía para reenviarlas con un mensaje personal, curioseaba cuanto sitio de video o cultural me encontraba, en pocas palabras vagaba por la red y muchas veces sin rumbo determinado.

Hasta que un día... me di cuenta que mi tiempo y mi actividad en la computadora podían ser más productivos, y que tenía la posibilidad de compartir cosas más prácticas y enriquecedoras con mis amigos, familiares y contactos, que podría traer más beneficios para todos.

Esto pasó cuando descubrí que es real la posibilidad de ganar dinero utilizando el Internet desde la comodidad de nuestra casa, incluso jugando, y es por esto que los invito a que digamos adiós a los temores, a la flojera, a la apatía o a la incredulidad y le demos una oportunidad a la vida.



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